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De Redskins a Commanders: regulación de marcas y la historia detrás del cambio de nombre

El cambio de nombre de los Washington Redskins a Commanders, anunciado en 2022, no fue solo una decisión de branding: estuvo atado a más de dos décadas de litigio sobre el registro federal de la marca, una cancelación por el USPTO revertida por la Corte Suprema, y una presión comercial de 87 inversionistas que terminó donde la ley no había podido. La disputa, de hecho, sigue sin cerrarse del todo en 2026.

En una mirada
18 de junio de 2014Fecha en que el TTAB del USPTO canceló 6 registros de marca "Redskins" por considerarlos despectivos hacia personas nativoamericanas
87 inversionistasFirmaron cartas a Nike, FedEx y PepsiCo en 2020 amenazando con cortar relaciones si no presionaban al equipo a cambiar el nombre
18 mesesTranscurridos entre el retiro del nombre Redskins (13 de julio de 2020) y el anuncio oficial de "Commanders" (2 de febrero de 2022)
$3.7-4,000 millonesCosto del nuevo estadio del equipo en el sitio de RFK Memorial, aprobado por el Concejo de DC en septiembre de 2025 pese a la amenaza de Trump de bloquearlo
La tesis del artículo

Lo que terminó forzando el cambio de nombre no fue, en última instancia, el proceso legal diseñado específicamente para eso —la cancelación de marca ante el USPTO terminó revertida por la Corte Suprema en nombre de la libertad de expresión—, sino la presión comercial directa de patrocinadores en 2020; dos caminos distintos hacia el mismo resultado, con el legal fracasando donde el comercial tuvo éxito.

El 18 de junio de 2014, el Trademark Trial and Appeal Board (TTAB) del USPTO —la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos— canceló seis registros federales de marca "Redskins", emitidos entre 1967 y 1990, por considerarlos despectivos hacia personas nativoamericanas. Fue la culminación legal de una demanda liderada por Amanda Blackhorse. Ocho años después, en 2022, el equipo sí cambió de nombre a Washington Commanders. Pero esos dos hechos no están conectados de la forma que parecería obvia: la decisión del TTAB nunca llegó a tener efecto real, y el cambio de nombre terminó ocurriendo por una vía completamente distinta.

Lo que significa, en realidad, cancelar un registro de marca

Vale la pena aclarar algo que suele confundirse: que el USPTO cancele un registro de marca no prohíbe usar ese nombre comercialmente. El equipo podía, técnicamente, haber seguido llamándose y vendiendo mercancía "Redskins" sin registro federal. Lo que se pierde al cancelar un registro es la presunción legal de validez y la protección reforzada que da ese registro —la posibilidad de litigar en corte federal con presunciones a favor, de bloquear importaciones de falsificaciones vía aduanas, de exigir daños estatutarios más fuertes contra terceros que usen el nombre sin permiso—. Sin registro, el titular de una marca queda reducido a litigar bajo derecho consuetudinario ("common law"), con una carga de prueba mucho más pesada. Es, en otras palabras, una sanción que debilita la posición legal de un titular de marca, no una prohibición de uso.

El primer intento, y por qué fracasó por un tecnicismo

Esta no era la primera vez que el TTAB intentaba cancelar estos registros. En 1999, en el caso Harjo v. Pro-Football —liderado por Suzan Harjo—, el TTAB ya había cancelado los mismos registros por el mismo motivo. La diferencia es que ese primer intento no sobrevivió el proceso judicial: una corte de distrito federal lo revirtió, inicialmente también cuestionando si el hallazgo de "disparagement" tenía suficiente evidencia, pero el motivo que terminó siendo decisivo fue la doctrina de "laches" —el reclamo se consideró presentado demasiado tarde, con 25 años de retraso entre el primer registro de 1967 y la demanda de 1992—. Tras un vaivén adicional en apelaciones entre 2005 y 2009, la doctrina de laches terminó confirmada de forma definitiva, matando el caso Harjo no por el fondo del argumento, sino por un tecnicismo procesal sobre los tiempos de la demanda.

El segundo intento, y cómo lo resolvió un caso que no tenía nada que ver

El caso Blackhorse de 2014 fue diseñado, en parte, para evitar el mismo problema de laches que había matado a Harjo. Funcionó en ese sentido específico —el TTAB sí canceló los registros—, pero el caso nunca llegó a una resolución final sobre el fondo. Mientras Pro-Football apelaba la decisión, la Corte Suprema resolvió, en junio de 2017, un caso completamente distinto: Matal v. Tam, sobre una banda musical asiático-americana llamada "The Slants" que había peleado por registrar su propio nombre. La Corte, por unanimidad, declaró inconstitucional la cláusula del Lanham Act que permitía al USPTO negar o cancelar marcas "despectivas", por violar la Primera Enmienda —la expresión protegida no puede prohibirse solo porque exprese ideas que ofenden a algunos—. Esa decisión, sin que Blackhorse ni los Redskins tuvieran nada que ver con el litigio original, dejó sin piso legal la cancelación de 2014. El Cuarto Circuito de Apelaciones, en enero de 2018, vació la orden del TTAB y devolvió el caso, y tanto los demandantes nativoamericanos como el Departamento de Justicia se retiraron del litigio al quedar la cuestión legal ya resuelta por la Corte Suprema. En términos prácticos: la vía legal diseñada específicamente para forzar un cambio de nombre terminó, dos veces, sin producir ese resultado.

La presión que sí funcionó, y de dónde vino

El cambio de nombre llegó por una ruta distinta, apenas tres años después de que la vía legal quedara cerrada. En el verano de 2020, en medio de las protestas que siguieron a la muerte de George Floyd, 87 firmas de inversión y accionistas firmaron tres cartas separadas dirigidas a Nike, FedEx y PepsiCo, amenazando con cortar relaciones comerciales con esas empresas si no presionaban al equipo a abandonar el nombre. FedEx, que tenía los derechos de nombre del estadio del equipo, fue la primera en actuar públicamente pidiendo el cambio; Nike retiró la mercancía "Redskins" de su tienda en línea. El 13 de julio de 2020, el equipo anunció formalmente el retiro del nombre y del logo —sin nombre nuevo todavía definido—.

Evolución de los logos del equipo de Washington, de 1932 al presente

El camino de 18 meses hacia "Commanders"

Durante las temporadas 2020 y 2021, el equipo jugó bajo el nombre provisional "Washington Football Team" mientras definía una identidad nueva. El 2 de febrero de 2022, en un evento en el estadio del equipo, se anunció oficialmente el nombre "Washington Commanders" —según Tanya Snyder, copropietaria en ese momento, surgido de un proceso que consideró 40,000 propuestas de aficionados—. El rediseño mantuvo los colores tradicionales granate y oro, con una nueva identidad visual centrada en una "W" estilizada y un escudo militar. Fueron 18 meses entre el retiro del nombre anterior y la definición del nuevo, un proceso considerablemente más largo que un simple cambio cosmético de etiqueta.

Lo que todavía no se ha cerrado, incluso en 2026

El caso no quedó completamente resuelto con el anuncio de 2022. En julio de 2025, el presidente Donald Trump publicó en Truth Social que el equipo debería volver a llamarse "Redskins", y al día siguiente escaló la amenaza: dijo que podría bloquear el acuerdo para que el equipo construyera su nuevo estadio en terreno federal, en el sitio del antiguo RFK Memorial Stadium en Washington DC, si no regresaban al nombre anterior. La amenaza no se concretó: el Concejo de DC aprobó el "RFK Development Act" en primera votación el 1 de agosto de 2025 (9-3) y en votación final el 17 de septiembre de 2025 (11-2), un proyecto de entre 3,700 y 4,000 millones de dólares, con el equipo aportando entre 2,500 y 2,700 millones y la ciudad el resto en incentivos. El dueño mayoritario, Josh Harris, mantuvo el nombre Commanders sin cambios. Lo que sí quedó sin resolver, según reportes posteriores de ESPN, es un nuevo pedido de Trump: que el estadio nuevo lleve su propio nombre en su honor, una petición que la Casa Blanca respaldó públicamente pero que, hasta donde se pudo confirmar, no tiene todavía una resolución definitiva.

Fuentes

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