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Materias primas 2026: el desacuerdo entre Goldman Sachs y el Banco Mundial que revela cuánto no sabemos

Goldman Sachs proyecta un Brent promediando 56 dólares en 2026 por exceso de oferta. El Banco Mundial proyecta que la energía subirá 24% por disrupciones en Medio Oriente. Ambos usan los mismos datos públicos. La brecha entre sus pronósticos es, en sí misma, la información más honesta que existe sobre el mercado de materias primas hoy.

Un anuncio de StoneX que circula estos días promociona su reporte trimestral de perspectivas de materias primas —edición 34, la que cubre julio-septiembre— con la pregunta obvia que cualquier inversionista se hace en este momento: ¿qué esperar del mercado de commodities el resto del año? La respuesta corta, y la más interesante, no está en ese reporte específico sino en el contraste entre dos de las casas de análisis con más peso institucional del planeta: Goldman Sachs y el Banco Mundial. Ambas publicaron sus proyecciones de 2026 usando esencialmente el mismo conjunto de datos macroeconómicos y geopolíticos disponibles públicamente. Sus conclusiones sobre el petróleo son, en la práctica, opuestas.

Dos lecturas del mismo mundo

Goldman Sachs, en su reporte "Ride the Power Race and Supply Waves", proyecta que el Brent promediará apenas 56 dólares por barril durante 2026 y el WTI 52 dólares, con la firma llamando al petróleo "víctima de la oferta": la producción no perteneciente a la OPEP está creciendo, según su propio análisis, tres veces más rápido que la demanda, y advierte que, salvo una disrupción de oferta de gran escala o un recorte de producción de la OPEP, se necesitarán precios más bajos en 2026 para reequilibrar un mercado que ya está en superávit. Es una lectura fundamentada en oferta y demanda física: más barriles disponibles que compradores dispuestos a pagar el precio actual.

El Banco Mundial, en su Commodity Markets Outlook de abril, llega a la conclusión inversa: proyecta que los precios de la energía subirán 24% en 2026, con ese pronóstico dependiendo explícitamente de que continúen las disrupciones de oferta en Medio Oriente —el mismo informe documenta que el Brent saltó de 72 a 118 dólares por barril entre finales de febrero y finales de marzo de 2026, el mayor incremento mensual registrado en la serie histórica del organismo. Es una lectura fundamentada en riesgo geopolítico: el mismo barril físico que Goldman ve como sobreabundante, el Banco Mundial lo ve amenazado por un choque de oferta que ya empezó a materializarse antes de que su propio reporte se publicara.

Ninguna de las dos instituciones está siendo negligente ni cometiendo un error de cálculo evidente. La diferencia de fondo es una apuesta distinta sobre cuánto durará y qué tan severa será la escalada geopolítica en la región productora de petróleo más importante del mundo —la misma escalada que ya documentamos en este blog al analizar su transmisión hacia la gasolina, la inflación estadounidense y las decisiones de la Fed—, y esa es exactamente el tipo de variable que ningún modelo de oferta-demanda, por sofisticado que sea, puede proyectar con la misma certeza que proyecta producción o inventarios.

El único consenso real: el oro

Frente a esa divergencia en petróleo, el mercado del oro presenta el patrón contrario: prácticamente todas las casas de análisis coinciden en la dirección, aunque difieran en la magnitud exacta. Goldman Sachs lo llama su "commodity largo favorito" y proyecta 4,900 dólares por onza para diciembre de 2026, atribuyendo el alza principalmente a la demanda de bancos centrales, que la firma estima en 70 toneladas mensuales durante el año —cuatro veces el promedio observado antes de 2022—. El Banco Mundial, por su parte, proyecta que los metales preciosos como categoría subirán 42% en 2026, la cifra más alta de todo su reporte sectorial. La convergencia entre dos instituciones que discrepan abiertamente sobre el petróleo es, en sí misma, la señal más fuerte de que el rally del oro no depende de la misma incertidumbre geopolítica puntual que divide las proyecciones energéticas, sino de una tendencia estructural —la desdolarización parcial de las reservas de los bancos centrales— sobre la que ambas instituciones sí tienen visibilidad compartida y confiable.

Cobre: la excepción que combina ambos mundos

El cobre ocupa un lugar particular en este mapa porque combina un fundamento estructural de demanda —Goldman lo señala explícitamente como su "metal industrial favorito" de largo plazo, impulsado por la construcción de centros de datos para IA y la electrificación— con una proyección de precio relativamente estable en el corto plazo, alrededor de 11,400 dólares por tonelada durante 2026, lo que la firma describe como una "pausa" antes de que esa demanda estructural vuelva a presionar el precio al alza. Es, de los tres commodities principales de este análisis, el que menos depende de la lectura geopolítica que divide a Goldman y al Banco Mundial en petróleo, y el que más depende de una apuesta de mediano plazo sobre la velocidad real de adopción de infraestructura de inteligencia artificial y vehículos eléctricos —una apuesta con su propio nivel de incertidumbre, pero de una naturaleza distinta a la del petróleo.

Agricultura: la categoría que nadie está celebrando

Mientras energía y metales concentran la atención de los inversionistas, el Banco Mundial proyecta que los precios agrícolas caerán 6% en 2026, con la caída en precios de bebidas (café, cacao) más que compensando alzas puntuales en granos. Es la única categoría de las cuatro cubiertas por el reporte de StoneX (agricultura, energía y metales, divisas, macroeconomía) donde la tendencia dominante es de exceso de oferta más que de escasez, y merece mención explícita precisamente porque contradice la narrativa de "superciclo de commodities" que domina la cobertura mediática de oro y cobre: el superciclo, si existe, no es parejo entre categorías.

Qué significa esto para México

La divergencia entre las proyecciones de petróleo tiene una relevancia directa para las finanzas públicas mexicanas, dado el peso de los ingresos petroleros de Pemex en el presupuesto federal: un escenario tipo Goldman (Brent en 56 dólares) presiona los ingresos fiscales proyectados en el Paquete Económico bastante más que un escenario tipo Banco Mundial (energía al alza 24%), y la brecha entre ambos no es un margen de error menor sino la diferencia entre dos realidades fiscales distintas para 2027. Del lado positivo, México es el mayor productor mundial de plata, lo que lo posiciona para beneficiarse del mismo consenso alcista en metales preciosos que respalda al oro, mientras que su exposición agrícola de exportación (aguacate, berries, tomate) queda relativamente protegida del deterioro proyectado en café y cacao, categorías donde México no es un exportador relevante.

Concepto de la semana: qué es exactamente un "reporte de perspectivas trimestral"

Vale la pena explicar qué tipo de documento es el que StoneX anuncia, porque el formato mismo explica por qué reportes como este —y los de Goldman Sachs o el Banco Mundial— nunca deben leerse como una predicción única sino como un ejercicio de escenarios: un "outlook" trimestral no es un pronóstico puntual de "el petróleo llegará a X dólares", sino una actualización de las variables fundamentales (oferta, demanda, inventarios, riesgo geopolítico) que una casa de análisis identifica como las más relevantes para mover el precio en el trimestre siguiente, junto con la dirección probable de cada una bajo distintos supuestos. Por eso Goldman Sachs y el Banco Mundial pueden revisar sus propios números cada trimestre sin contradecirse a sí mismos de forma incoherente: no estaban prediciendo el futuro con certeza, estaban actualizando su lectura de un conjunto de variables en movimiento constante. La utilidad real de seguir varios de estos reportes a la vez —en lugar de solo uno— es precisamente identificar dónde hay consenso genuino (como en oro) y dónde hay una apuesta direccional disputada (como en petróleo), que es información distinta y más valiosa que cualquier cifra puntual de cualquiera de los dos por separado.

Una pregunta abierta

Si el petróleo termina 2026 más cerca de los 56 dólares de Goldman Sachs que del alza de 24% que proyecta el Banco Mundial, la lectura correcta no será que el Banco Mundial "se equivocó" en un sentido simple, sino que la escalada geopolítica que su escenario asumía como condición de fondo simplemente no se sostuvo con la intensidad que su propio reporte, publicado apenas después del salto de 72 a 118 dólares de marzo, hubiera sugerido como razonable extrapolar. Esa es la naturaleza real de invertir —o de hacer política pública— sobre la base de proyecciones de materias primas en 2026: no se trata de elegir el pronóstico correcto de antemano, sino de entender qué tan sensible es cada uno a un supuesto geopolítico específico que nadie, ni Goldman Sachs ni el Banco Mundial, puede proyectar con la misma certeza que proyecta un balance de oferta física.

Fuentes

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