Geopolitics

Fracking en Coahuila: lo que de verdad autorizó Sheinbaum (y lo que no)

Circula la versión de que el gobierno federal ya autorizó una prueba piloto de fracking en la Cuenca Sabinas-Burro-Picachos, en Coahuila. La propia titular de Semarnat lo desmintió ante el Congreso: lo único aprobado por ahora es verificar cuánta agua salada hay en el subsuelo, no empezar a fracturar. La diferencia no es semántica — es la que separa un estudio de un pozo real.

En una mirada
1 cuenca de 1Sabinas-Burro-Picachos (Coahuila/Nuevo León) es la única cuenca que el grupo técnico federal consideró mínimamente viable para pruebas, de las analizadas en el país
0 pozos de frackingSegún la propia titular de Semarnat, Alicia Bárcena, ante la Cámara de Diputados: no hay autorización vigente para extraer gas por fracking, solo para estudiar la disponibilidad de agua salada
3 condiciones previasBárcena señaló que antes de cualquier prueba real se requieren normas ambientales actualizadas, una guía técnica para pozos no convencionales y una norma de tratamiento de agua salada
Septiembre 2026Mes en que, según fuentes citadas por Reuters, Pemex podría iniciar los primeros trabajos de evaluación de campo en Coahuila
La tesis del artículo

El fracking no está autorizado en México: lo que el gobierno de Sheinbaum aprobó es una fase previa de exploración (verificar disponibilidad de agua salada profunda) en la única cuenca que un comité técnico consideró mínimamente viable, con normas ambientales todavía sin actualizar como condición explícita antes de cualquier pozo real — la confusión entre "evaluar" y "autorizar" no es un matiz menor, sino el centro de un debate donde los riesgos ambientales del fracking son reales y documentados, y el argumento energético a favor también lo es.

Desde inicios de octubre circula en redes y en medios locales de Coahuila una versión contundente: la Semarnat y la Comisión de Cambio Climático ya autorizaron una prueba piloto de fracking en la Cuenca Sabinas-Burro-Picachos, con el visto bueno de la presidenta Claudia Sheinbaum. La propia titular de la Semarnat, Alicia Bárcena, se vio obligada a salir a desmentirla —no en un comunicado de prensa, sino compareciendo ante la Cámara de Diputados—. Vale la pena separar lo que de verdad está decidido de lo que todavía no, porque la diferencia entre ambas versiones no es un matiz de redacción: es la que separa un estudio de agua subterránea de un pozo de fracking operando.

Lo que sí dijo Bárcena, y lo que no

Ante San Lázaro, Bárcena fue explícita: actualmente no existen las condiciones para hacer fracking en México, y no hay ninguna autorización vigente para extraer gas natural mediante esa técnica en ningún punto del país. Lo que sí confirmó —y es la raíz de la confusión— es que un grupo de expertos técnicos del gobierno federal, encargado de evaluar la viabilidad energética y ambiental del fracking, concluyó que si acaso pudiera considerarse en algún lugar, ese lugar sería la Cuenca Sabinas-Burro-Picachos, que se extiende entre Coahuila y Nuevo León, cerca de la frontera con Estados Unidos. En ningún otro punto del país, dijo, sería viable.

Lo autorizado hasta ahora, según su propia versión, es una fase muy anterior a la explotación: verificar cuánta agua salada (no agua dulce, reservada para consumo humano y agrícola) hay en las formaciones rocosas profundas de esa cuenca. Esa verificación es la que permitiría, en teoría, decidir después si procede o no una siguiente fase de pruebas reales. Reportes basados en fuentes de Reuters apuntan a que Pemex podría comenzar trabajos de evaluación de campo en Coahuila desde septiembre de 2026 —trabajos de estudio, no de extracción—, lo cual coincide con el calendario que describe Bárcena, pero no con la versión de que el fracking "ya fue autorizado".

Por qué el comité técnico eligió justo esta cuenca

La razón detrás de restringir la evaluación a Sabinas-Burro-Picachos y no, por ejemplo, a la cuenca Tampico-Misantla —la más grande de recursos de gas de lutitas en México, y la que originalmente motivó buena parte del interés histórico en el fracking en el país— no es casualidad. El propio comité recomendó descartar Tampico-Misantla por razones sociales y ambientales, y concentrar cualquier evaluación futura en Sabinas-Burro-Picachos (y, en menor medida, la cuenca de Burgos en Tamaulipas), precisamente porque ahí la formación rocosa objetivo contendría predominantemente agua salada profunda en vez de agua dulce superficial —la variable que, según los propios expertos, determina si una prueba es mínimamente defendible desde el punto de vista hídrico.

Eso no equivale a decir que el riesgo ambiental desaparece. El mismo comité técnico reconoció los riesgos conocidos de la técnica —alto consumo de agua, posible contaminación de acuíferos, emisión de metano, sismicidad inducida— y fue el que recomendó, como condición explícita antes de cualquier prueba real, que se actualicen las normas ambientales vigentes, se redacte una guía técnica específica para la construcción de pozos no convencionales (los que se perforan y fracturan horizontalmente, a diferencia de un pozo petrolero convencional) y se establezca una norma formal para el tratamiento del agua salada que se extraiga en el proceso. Ninguna de esas tres piezas regulatorias existe todavía, según la propia Bárcena.

El argumento energético detrás de la evaluación

La razón por la que el gobierno de Sheinbaum no cerró la puerta del todo al fracking, pese a haberlo criticado abiertamente durante años como parte del discurso de la 4T, es la dependencia energética real del país: México importa la mayor parte del gas natural que consume, sobre todo de Estados Unidos vía gasoductos, una dependencia que ha crecido en paralelo a la caída de la producción nacional de Pemex. Esa dependencia no es un argumento abstracto: encarece la generación eléctrica que depende del gas (una porción mayoritaria de la matriz eléctrica mexicana) y deja al país expuesto a decisiones de infraestructura y política comercial de otro gobierno.

Ese es, en esencia, el argumento a favor de evaluar —no de autorizar de inmediato— el fracking en una sola cuenca con roca predominantemente salina: ganar algo de autosuficiencia gasífera sin tocar, en teoría, las reservas de agua dulce de la región. El contraargumento, igual de real, es que "en teoría" es la frase que menos tranquiliza cuando se habla de fracturar roca a profundidad en un estado —Coahuila— que ya enfrenta estrés hídrico documentado, y donde la frontera entre un acuífero salino profundo y uno de agua dulce más superficial no siempre es tan nítida ni tan predecible como sugiere el argumento técnico.

Lo que falta para que esto deje de ser hipotético

El propio calendario que ha manejado el gobierno apunta a que el tema se discuta formalmente en el Congreso a partir de que arranque el periodo legislativo de septiembre, y ahí el resultado no está garantizado ni siquiera dentro de Morena: hay voces críticas al fracking dentro de la propia coalición gobernante, heredadas del discurso ambiental que el movimiento sostuvo durante más de una década en la oposición.

Mientras eso no ocurra, lo verificable hoy es esto: ningún pozo de fracking está operando ni autorizado en México; lo único con luz verde es un estudio de disponibilidad de agua salada en una cuenca específica de Coahuila; y la decisión de si ese estudio deriva en pruebas reales depende de normas que todavía no se escriben y de un debate legislativo que todavía no empieza. Quien celebre o condene el fracking en Sabinas-Burro-Picachos como un hecho consumado —en cualquiera de los dos sentidos— se está adelantando a una decisión que, formalmente, nadie ha tomado todavía.

Fuentes

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