México registró superávit comercial de 605 millones de dólares en agosto, con exportaciones creciendo 40.4%
El INEGI reportó que la balanza comercial de mercancías de México cerró agosto con un superávit de 605.4 millones de dólares (3,489 millones con cifras desestacionalizadas), tras un salto de 40.4% en las exportaciones que revirtió el déficit registrado en julio.
La Weekly Outlook de esta semana señalaba la balanza comercial de mercancías de agosto, publicada el lunes, como el primer dato de la semana y la primera lectura del mes sobre el pulso del comercio exterior mexicano tras el reciente episodio de debilidad cambiaria del peso. El resultado que el INEGI reportó fue, en la superficie, contundente: un superávit comercial de 605.4 millones de dólares con cifras sin desestacionalizar —o 3,489 millones considerando el ajuste estacional—, impulsado por un salto de 40.4% en las exportaciones. Ese número revirtió el déficit de 848 millones de dólares que México había registrado apenas un mes antes, en julio.
Lo que dice la cifra en sus propios términos
Durante agosto, las exportaciones mexicanas alcanzaron 78,010 millones de dólares, un incremento de 40.4% frente al mismo mes de 2025, mientras que las importaciones sumaron 77,405 millones, con un crecimiento de 34.2% interanual. La diferencia entre ambas tasas de crecimiento —exportaciones subiendo más rápido que importaciones— es lo que explica el giro de déficit a superávit en un solo mes. Dentro de ese resultado, el detalle más relevante para entender la composición del cambio es que el superávit de productos no petroleros pasó de 2,809 millones de dólares en julio a 4,047 millones en agosto, una ampliación que compensó con holgura el déficit estructural que México sigue arrastrando en su balanza petrolera.
Por qué el 40.4% exige una lectura más cuidadosa
La Weekly Outlook no tenía, al momento de su publicación, un consenso de mercado específico para esta cifra —el calendario solo señalaba el evento como de "importancia media" para el peso y la lectura de demanda externa, sin una expectativa numérica concreta que contrastar. Eso hace que la pregunta relevante no sea "¿superó o no el consenso?", sino "¿qué tan sostenible es un salto de esta magnitud?". Una tasa de crecimiento de 40.4% interanual es inusualmente alta para el comercio exterior de una economía del tamaño de México, y parte de esa magnitud responde casi con certeza a un efecto de base: agosto de 2025 fue, según referencias de comercio exterior de ese periodo, un mes relativamente débil para las exportaciones mexicanas, lo que hace que cualquier recuperación se vea amplificada en términos porcentuales. Esto no invalida el dato —el superávit en dólares es una cifra real, no un artefacto de comparación—, pero sí matiza qué tan representativo es el 40.4% como medida de la trayectoria de fondo del sector exportador.
El acumulado del año como contexto más confiable
Una forma más estable de leer esta cifra es contra el acumulado del año: entre enero y agosto de 2026, el comercio exterior mexicano acumuló un superávit de 9,860 millones de dólares, un cambio sustancial frente al mismo periodo de 2025, cuando México había registrado un déficit comercial de 913 millones de dólares. Ese contraste de doce meses —de déficit acumulado a superávit acumulado— es una señal más difícil de descartar como ruido estadístico de un solo mes, aunque tampoco permite todavía hablar de una tendencia estructural consolidada sin ver cómo se comporta el dato en septiembre y octubre, los meses en los que la Weekly Outlook de esta semana no anticipó ninguna otra publicación de comercio exterior.
La pregunta que el dato deja abierta sobre el peso
El USD/MXN venía de una de sus peores rachas del año antes de esta publicación —una depreciación mensual de 5.86% en septiembre, según cifras reportadas apenas el lunes por la tarde, el mismo día en que se publicó el dato de balanza comercial. La superposición de un superávit comercial favorable con una depreciación cambiaria simultánea es, en sí misma, informativa: sugiere que el peso no se está debilitando por un deterioro en los fundamentales del comercio exterior mexicano, sino por factores externos —el salto del Treasury a máximos desde 2007 y el fortalecimiento global del dólar tras el episodio de Irán— que están pesando más, en este momento, que la mejora en la balanza comercial. Eso deja abierta una pregunta concreta para las próximas semanas: si el superávit no petrolero de agosto se sostiene mientras el contexto externo eventualmente se estabiliza, ¿empezará el mercado cambiario a reflejar esa mejora, o el diferencial de tasas seguirá dominando la conversación sobre el peso como lo ha hecho durante buena parte de septiembre?