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Oracle debe 169,000 millones de dólares para construir cómputo de IA que todavía no genera suficiente flujo de caja para pagarlos. La solución que está armando con Wall Street es sacar esa deuda del balance por completo

Broadcom, Oracle y SpaceX están recurriendo, casi al mismo tiempo, a crédito privado —no a los mercados de bonos tradicionales— para financiar decenas de miles de millones de dólares en compras de chips de inteligencia artificial, según reportó The Wall Street Journal a inicios de octubre. El mercado de crédito privado para IA pasó de 20,000 millones de dólares a inicios de 2025 a 88,000 millones en 2026.

En una mirada
$169,100 millonesDeuda total de Oracle en agosto de 2026, frente a $99,500 millones en noviembre de 2024
$88,000 millonesTamaño del mercado de crédito privado destinado a infraestructura de IA en 2026, frente a $20,000 millones a inicios de 2025
203 puntos baseCosto del seguro contra impago (CDS a 5 años) de Oracle, su nivel más alto en 18 años, tras una rebaja de calificación de S&P a BBB-
$638,000 millonesObligaciones de desempeño pendientes (RPO) de Oracle, +363% interanual —contratos futuros que todavía no se traducen en efectivo disponible
La tesis del artículo

Que tres de los actores más grandes de la infraestructura de IA recurran, en paralelo, a crédito privado y estructuras de leasing fuera de balance en lugar de deuda pública tradicional no es una innovación financiera neutral: es una señal de que el costo real de construir cómputo de IA ya supera lo que los mercados de deuda convencionales, y el propio balance de estas empresas, pueden absorber sin que las agencias calificadoras y los inversionistas de renta fija empiecen a cuestionar la solvencia de quien pide prestado.

Oracle debe hoy 169,100 millones de dólares, frente a 99,500 millones hace menos de dos años. El costo de asegurar contra su impago —el precio de sus credit default swaps a cinco años— llegó a 203 puntos base, su nivel más alto en 18 años, después de que S&P le recortara la calificación a BBB-, un solo escalón por encima de "bono basura". Son los números detrás de un reportaje de The Wall Street Journal publicado a inicios de octubre: Oracle, junto con Broadcom y SpaceX, está negociando en paralelo decenas de miles de millones de dólares en financiamiento de crédito privado —no bonos públicos tradicionales— para pagar la compra masiva de chips de inteligencia artificial que sostiene buena parte del rally de infraestructura de este año.

Tres empresas, el mismo mecanismo, casi al mismo tiempo

Broadcom busca más de 50,000 millones de dólares en financiamiento privado para los chips a la medida que fabrica para OpenAI bajo su programa "Nexus", con Apollo Global Management y Blackstone como prestamistas en conversación, y cierre esperado antes de fin de año. Oracle, por su parte, negocia con Apollo y Goldman Sachs una estructura distinta: un vehículo financiado por inversionistas privados compraría los chips directamente y se los rentaría a Oracle mediante un contrato de leasing, evitando que esa deuda aparezca directamente en el balance corporativo de la empresa. SpaceX busca cerca de 40,000 millones de dólares para comprar chips de Nvidia, combinando préstamos bancarios y bonos de grado de inversión, también con Apollo liderando la estructura. Que las tres transacciones compartan, en esencia, a los mismos prestamistas privados y ocurran dentro de la misma ventana de semanas no es prueba de coordinación entre las empresas, pero sí es evidencia de que el crédito privado se ha convertido, en meses recientes, en el mecanismo de financiamiento por defecto para el capex de cómputo de IA a esta escala.

Por qué un leasing fuera de balance no es un detalle contable menor

Vale la pena detenerse en el mecanismo específico que Oracle está negociando, porque la diferencia entre pedir un préstamo directo y estructurar un leasing a través de un vehículo de terceros no es cosmética. Cuando una empresa pide prestado directamente, esa deuda aparece en su balance, afecta sus métricas de apalancamiento y es exactamente lo que una agencia calificadora evalúa para fijar su calificación crediticia. Cuando, en cambio, un vehículo financiado por inversionistas privados compra el activo —en este caso, los chips— y se lo renta de vuelta a la empresa que los va a usar, esa empresa reporta un gasto de arrendamiento operativo, no una deuda nueva en su balance, incluso si el resultado económico final —Oracle controla y usa esos chips, y alguien tiene que pagar por ellos durante años— es prácticamente idéntico al de haber pedido el préstamo directamente. Es una estructura legal y contable legítima, usada en industrias de capital intensivo mucho antes de la IA, pero su atractivo específico para Oracle en este momento —justo cuando su deuda ya casi se duplicó en dos años y su calificación crediticia roza terreno de bono basura— es difícil de separar de la necesidad de que ese apalancamiento adicional no se refleje donde los inversionistas de renta fija lo medirían con más escrutinio.

Lo que el mercado de bonos ya está diciendo, con o sin ingeniería financiera

El dato más revelador de todo este episodio es que la estrategia de sacar deuda del balance no está evitando que el mercado la cotice de todas formas. El costo de los CDS de Oracle —el seguro que un inversionista compra para protegerse si la empresa no paga su deuda existente— ya subió a su nivel más alto en 18 años, antes incluso de que se cierre la nueva estructura de leasing con Apollo. Eso sugiere que los participantes del mercado de renta fija están incorporando, en el precio de ese seguro, una lectura del riesgo total de Oracle que no depende solo de lo que aparece técnicamente en su balance reportado, sino de una evaluación más amplia de cuánto debe la empresa en conjunto y qué tan sostenible es ese nivel dado su flujo de caja operativo actual. El flujo de caja libre de Oracle en su año fiscal 2026 fue negativo —entre 23,700 y 28,700 millones de dólares, según la fuente, una discrepancia que vale la pena señalar en vez de promediar sin más—, lo que significa que la empresa está gastando sustancialmente más efectivo del que genera en su operación corriente, cubriendo la diferencia con financiamiento externo creciente.

El contrapeso: contratos firmados que todavía no son efectivo

La contraparte de esa lectura pesimista es un número igual de real: las obligaciones de desempeño pendientes de Oracle —el valor total de contratos ya firmados con clientes que todavía no se han facturado ni cobrado— llegaron a 638,000 millones de dólares, un incremento de 363% interanual. Es la cifra que Oracle y sus defensores usan para argumentar que el apalancamiento actual es una apuesta razonable sobre ingresos futuros ya comprometidos contractualmente, no una especulación sin respaldo. El problema de esa defensa es que un contrato firmado no es lo mismo que efectivo en caja: depende de que los clientes de Oracle —muchos de ellos, a su vez, empresas de IA financiadas con rondas de capital de riesgo o su propia deuda— efectivamente paguen esos contratos en los plazos acordados, sin que ninguno de esos clientes enfrente, en el camino, su propia crisis de financiamiento que lo obligue a renegociar o cancelar.

El riesgo que se traslada, no que desaparece

Cuando Apollo, Blackstone o cualquier otro prestamista de crédito privado asume el riesgo de estas estructuras, ese riesgo no desaparece del sistema financiero: se traslada hacia inversionistas institucionales —fondos de pensiones, aseguradoras, otros vehículos que a su vez invierten en estos fondos de crédito privado— que típicamente tienen menos transparencia pública sobre su exposición agregada que los tenedores de bonos corporativos cotizados en mercados abiertos. El mercado de crédito privado destinado específicamente a infraestructura de IA pasó de 20,000 millones de dólares a inicios de 2025 a 88,000 millones en 2026, una multiplicación de más de cuatro veces en año y medio, concentrada en un número reducido de prestamistas y un número todavía más reducido de empresas prestatarias —Oracle, Broadcom, SpaceX, y los hyperscalers que ya absorbieron gran parte del financiamiento previo—. Esa concentración es, en sí misma, un vector de riesgo sistémico distinto al que generaría la misma cantidad de deuda repartida entre cientos de emisores no correlacionados entre sí.

Lo que esta ola de financiamiento revela sobre el ciclo actual de IA

El patrón que conecta a Oracle, Broadcom y SpaceX en este momento específico no es solo que las tres necesiten financiar compras de chips —eso ya era cierto hace un año—, es que las tres están optando, de forma casi simultánea, por mecanismos diseñados específicamente para que ese financiamiento no se vea, en los reportes financieros convencionales, tan grande como realmente es. Eso puede leerse como prudencia financiera sofisticada, aprovechando instrumentos legítimos que existen para este propósito exacto. También puede leerse como una señal de que, en el nivel de apalancamiento que esta ola de construcción de infraestructura de IA ya alcanzó, el escrutinio normal de los mercados de deuda pública dejó de ser un terreno cómodo para operar, y que el crédito privado —menos regulado, menos transparente, con menos exigencias de divulgación— se convirtió en la válvula de escape disponible. Ninguna de las dos lecturas se puede descartar todavía con la evidencia pública disponible, y esa misma incertidumbre es, posiblemente, la explicación más honesta de por qué el mercado de bonos ya está cotizando más riesgo del que la ingeniería financiera está diseñada para esconder.

Fuentes

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