Banxico subió su pronóstico de crecimiento y aun así el crédito a empresas está en su punto más débil en cinco años
El Informe Trimestral de Banxico elevó el pronóstico de crecimiento del PIB a 1.5% para 2026, pero pospuso otra vez la meta de inflación al cuarto trimestre de 2027. Detrás de ese titular optimista hay una señal más incómoda: pese a 450 puntos base de recortes en dos años, la demanda de crédito bancario de las empresas mexicanas está en su nivel más bajo desde 2021.
El 27 de agosto, Banxico publicó su Informe Trimestral correspondiente al segundo trimestre de 2026 con una combinación de cifras que, leídas juntas, cuentan una historia más matizada de lo que sugiere el titular. Por un lado, el banco central elevó su pronóstico de crecimiento del Producto Interno Bruto para el año de 1.1% a 1.5%, resultado de una actividad económica que avanzó 1.42% en el segundo trimestre, muy por encima de la contracción de 0.34% registrada en los primeros tres meses del año. Por otro lado, la misma institución pospuso —otra vez— la fecha en que espera que la inflación converja a su meta de 3%, ahora proyectada hasta el cuarto trimestre de 2027. Un país que crece más de lo esperado y una inflación que tarda más de lo esperado en ceder no son, en principio, noticias contradictorias. Pero cuando se traducen a la variable que de verdad le importa a cualquier empresa que necesita financiarse —el costo real del dinero—, ambas cifras apuntan en la misma dirección: el crédito en México va a seguir siendo caro por más tiempo del que el propio banco central anticipaba hace apenas unos meses.
El titular optimista que Banxico decidió destacar
La revisión al alza del pronóstico de crecimiento es, sin duda, la cifra que va a dominar la cobertura mediática del informe. Que la economía mexicana haya recuperado impulso en el segundo trimestre después de un arranque de año débil es una noticia genuinamente positiva, y Banxico fue explícito en atribuirla a un repunte más amplio de la actividad productiva que el que se esperaba a inicios de año. El banco central incluso ajustó su rango de crecimiento esperado para el cierre de 2026 a entre 1% y 2%, y proyectó un avance de 2% para 2027, ligeramente por debajo del 2.1% que había anticipado en su informe anterior. Es, en el lenguaje habitual de estos reportes, una historia de "mejor de lo esperado" que probablemente se traduzca en encabezados favorables durante los próximos días.
La cifra que casi nadie va a destacar con el mismo entusiasmo
Lo que rara vez acompaña esos encabezados con el mismo peso es la otra mitad del informe: la meta de inflación general de 3% que Banxico buscaba alcanzar sigue alejándose del calendario, ahora proyectada hasta el último trimestre de 2027, la segunda vez en pocos meses que la institución empuja esa fecha hacia adelante. El propio informe proyecta que la inflación general cerrará 2026 en 3.5%, medio punto por encima de la meta formal. La combinación de ambos mensajes —crecimiento mejor, inflación más lenta en converger— es, en la práctica, la fórmula que sostiene la tasa de referencia en 6.50%, un nivel que, aunque muy por debajo del 11.0% que Banxico mantenía hace poco más de dos años, sigue siendo restrictivo para cualquier negocio que dependa del crédito bancario para operar o crecer.
Los recortes de tasa que no llegaron a donde deberían
Aquí es donde el informe trimestral se cruza con una tendencia que ya venía gestándose desde antes: la demanda de crédito bancario de las empresas mexicanas, medida por la propia encuesta trimestral de Banxico, se ubicó en apenas 11.2% durante el segundo trimestre de 2026 —el porcentaje de empresas que efectivamente utilizó crédito bancario nuevo—, frente a 13.1% en el trimestre anterior. Es el nivel más bajo registrado desde el cuarto trimestre de 2021. En paralelo, la proporción de empresas que decidió no solicitar ningún crédito nuevo subió de 79.2% a 82.1% entre el primer y el segundo trimestre. Entre las razones que esas empresas dieron para quedarse al margen del crédito bancario, la situación económica general encabezó la lista con 62.6% de las menciones, pero la tasa de interés del mercado crediticio apareció como segunda razón más citada, con 55.6%, seguida de cerca por los montos exigidos como garantía colateral (53.6%) y las condiciones de acceso al crédito en general (52.8%).
Esa combinación de cifras revela algo que el titular del Informe Trimestral no captura: Banxico ha recortado su tasa de referencia en 450 puntos base a lo largo de dos años, pero esa relajación de la política monetaria todavía no se ha traducido en un apetito de crédito empresarial correspondiente. El crédito vigente al sector privado empresarial, de hecho, venía cayendo 1.1% en términos reales hacia abril de este año, mientras que el crédito al consumo avanzaba 6.8% en el mismo periodo —una divergencia que sugiere que la relajación monetaria sí está llegando a los hogares, pero de forma mucho más limitada a las empresas que sostienen la producción y el empleo formal del país.
Por qué el mecanismo de transmisión importa más que la tasa misma
En teoría de política monetaria, la diferencia entre la tasa de referencia que fija un banco central y la tasa que efectivamente paga una empresa por un crédito se conoce como el mecanismo de transmisión, y cuando ese mecanismo funciona mal, los recortes de tasa dejan de traducirse en el estímulo económico que se supone deben generar. Los datos disponibles sobre créditos empresariales en México documentan justamente ese problema: el diferencial de tasa que pagan las empresas más pequeñas frente a las grandes corporaciones no emisoras ha sido consistentemente mayor a 500 puntos base, frente a poco más de 240 para las grandes empresas, lo que significa que buena parte del alivio que Banxico ha inyectado al sistema durante los últimos dos años se ha quedado concentrado en el segmento de crédito que menos lo necesita. Para una pyme mexicana, la diferencia entre una tasa de referencia de 11% y una de 6.5% puede terminar siendo mucho menor de lo que sugiere el titular, precisamente porque el spread que la banca comercial le cobra no se ha comprimido en la misma proporción.
Lo que el crecimiento del segundo trimestre no explica
Vale la pena ser cuidadosos con la narrativa de que el repunte del PIB del segundo trimestre demuestra que la economía mexicana ya superó el bache de tasas altas. El propio informe reconoce que ese impulso provino, en buena medida, de un rebote puntual de la actividad productiva más que de una recuperación generalizada de la inversión privada, y la propia encuesta de crédito documenta que las empresas siguen retrayéndose de solicitar financiamiento nuevo en el mismo trimestre que la economía creció. Ambas cifras no son incompatibles: es perfectamente posible que la economía crezca gracias a la demanda existente, la exportación o el gasto público, mientras la inversión financiada con crédito bancario —la que típicamente sostiene la expansión de capacidad productiva de mediano plazo— siga contraída. Esa es, precisamente, la variable que determina si el crecimiento actual es sostenible o si depende de fuentes que no se repiten con la misma facilidad trimestre tras trimestre.
El consumo compensa, pero no resuelve el mismo problema
La otra mitad de la fotografía crediticia mexicana ofrece un contraste que merece atención propia: mientras el crédito empresarial se contraía, el crédito al consumo avanzaba 6.8% en términos reales hacia abril de este año. A primera vista podría leerse como una señal de que el sistema bancario mexicano sencillamente está reasignando su apetito de riesgo hacia el segmento que le resulta más rentable en el entorno actual —tarjetas de crédito, préstamos personales, financiamiento automotriz—, en lugar de compensar la debilidad empresarial. Esa reasignación no es neutral para la economía real: el crédito al consumo financia gasto de los hogares en el corto plazo, pero no expande la capacidad productiva de una fábrica, no financia maquinaria nueva, ni sostiene la nómina de una pyme que necesita capital de trabajo para cumplir un pedido más grande. Que la banca mexicana encuentre más atractivo prestarle a un consumidor que a un empresario dice algo sobre cómo el sistema financiero está evaluando el riesgo relativo de ambos segmentos en el entorno de tasas actual, y ese diagnóstico no cambia solo porque el PIB trimestral sorprenda al alza.
Lo que el Plan México todavía no ha logrado revertir
El gobierno federal no ha ignorado este problema. El Plan México incluye de forma explícita el objetivo de ampliar el acceso al crédito para pequeñas y medianas empresas, y bancos como Santander han anunciado planes de originación superiores a 36,000 millones de pesos en crédito pyme para este año, buena parte de ellos canalizados a través de garantías de la banca de desarrollo —principalmente Nafin— que cubren hasta 70% del riesgo crediticio de esas operaciones. Son programas diseñados, en esencia, para resolver exactamente el problema que documenta la encuesta trimestral de Banxico: que el sistema bancario tradicional no está dispuesto a asumir, por cuenta propia, el riesgo de prestarle a una empresa pequeña a una tasa que esa empresa pueda pagar. El hecho de que esos programas existan y sigan expandiéndose es una señal de que el diagnóstico es ampliamente compartido entre el sector público y privado; el hecho de que la encuesta más reciente de Banxico muestre el nivel de uso de crédito empresarial más bajo en cinco años sugiere que, hasta ahora, ese esfuerzo no ha alcanzado la escala necesaria para mover la aguja de forma perceptible.
La pregunta que el próximo informe trimestral tendrá que responder
Si el mecanismo de transmisión de la política monetaria mexicana sigue sin funcionar de forma pareja entre segmentos de empresas, la utilidad de seguir recortando la tasa de referencia —algo que el mercado seguirá esperando mientras la inflación no converja a su meta— se vuelve cada vez más limitada para el segmento de empresas que más necesita ese alivio: las pequeñas y medianas, que representan la mayoría del empleo formal del país pero no tienen el poder de negociación de una gran corporación para acceder a las tasas más bajas del sistema. La pregunta que debería guiar la lectura del próximo Informe Trimestral no es solamente si el PIB volvió a sorprender al alza, sino si esa mejora finalmente logró traducirse en una encuesta de crédito empresarial que muestre algo distinto a un mínimo de cinco años.