Anthropic va a salir a bolsa valuada en hasta 2 billones de dólares. Sus propios empleados ya dijeron que prefieren esperar a eso antes que vender ahora
Anthropic apunta a salir a bolsa antes de Thanksgiving, con una valuación que trascendidos ubican entre 1.8 y 2 billones de dólares —prácticamente el doble de los 965,000 millones de su última ronda privada, en mayo—. El dato que más llama la atención no es la cifra en sí, sino que meses antes, en una oferta de recompra para empleados, la demanda de los propios inversionistas no se cubrió porque el personal prefirió quedarse con sus acciones hasta la salida a bolsa.
Según trascendidos reportados a inicios de octubre, Anthropic apunta a iniciar formalmente el roadshow de su oferta pública inicial la semana del 9 de noviembre, con el objetivo de cotizar en bolsa antes del Día de Acción de Gracias. La cifra que domina esos trascendidos es la valuación objetivo: entre 1.8 y 2 billones de dólares, prácticamente el doble de los 965,000 millones que la empresa alcanzó en su última ronda privada, apenas en mayo de este mismo año. Los bancos ya designados para liderar la operación —Morgan Stanley, Goldman Sachs y JPMorgan— sugieren que la operación avanza con seriedad institucional, no solo como especulación de mercado.
El dato que no es la valuación, pero debería preocupar igual
Lo que hace esta historia más interesante que una simple cifra de valuación al alza es un episodio que ocurrió meses antes, entre febrero y abril de este año: Anthropic organizó una oferta de recompra de acciones dirigida a sus propios empleados, con inversionistas externos buscando adquirir entre 5,000 y 6,000 millones de dólares en acciones a una valuación de 350,000 millones de dólares —por debajo de la ronda Serie G de 380,000 millones que la empresa ya había alcanzado—. El resultado final de esa oferta quedó por debajo del objetivo, porque un número significativo de empleados optó por no vender, prefiriendo retener sus acciones a la espera de una eventual salida a bolsa que, evidentemente, esperaban que valuara la empresa muy por encima de lo que esa oferta de recompra ofrecía.
Por qué esa decisión es más difícil de interpretar de lo que parece
Es tentador leer esa decisión colectiva de no vender como una señal de convicción informada: quien trabaja dentro de una empresa de IA de la escala de Anthropic tiene acceso a información sobre el ritmo real de crecimiento de ingresos, la calidad de los contratos empresariales que está cerrando y el estado genuino de su hoja de ruta técnica que ningún inversionista externo puede replicar con la misma profundidad. Pero esa lectura optimista ignora un patrón bien documentado en el diseño de este tipo de ofertas de recompra: suelen venir acompañadas de ventanas de tiempo limitadas, condiciones específicas sobre qué porcentaje de las acciones se puede vender, y una presión social interna considerable sobre no ser percibido como alguien que "no cree" en la empresa justo antes de un evento de liquidez que toda la cultura corporativa presenta como inminente y prácticamente garantizado. Distinguir entre convicción genuina y la respuesta racional a ese tipo de incentivos sociales es, con la información pública disponible, imposible de hacer con certeza.
El crecimiento de ingresos que sí sostiene parte de la narrativa
No toda la historia es especulación sobre sentimiento de mercado: Anthropic reportó, según estimaciones de agosto, un ingreso anualizado cercano a los 65,000 millones de dólares, más de siete veces el nivel con el que cerró 2025, con proyecciones internas que apuntan a entre 100,000 y 120,000 millones de dólares de ingresos para el año completo. Ese tipo de crecimiento, si se sostiene, podría justificar matemáticamente una valuación considerablemente más alta que la de mayo, incluso sin apelar a ningún tipo de euforia especulativa —una empresa que multiplica sus ingresos por siete en menos de un año cambia de categoría de valuación casi por definición contable, no solo por sentimiento de mercado.
El contexto más amplio: capital concentrándose en muy pocas manos
La historia de Anthropic no ocurre de forma aislada dentro del ecosistema de capital de riesgo de IA. Estimaciones de distintas firmas de la industria sugieren que, durante buena parte de 2026, entre 80% y 86% de todo el capital de riesgo global se dirigió específicamente a empresas de inteligencia artificial, con una concentración todavía mayor dentro de ese segmento: un puñado de compañías —Anthropic y OpenAI entre ellas, con esta última ya valuada en 852,000 millones de dólares tras una ronda de 122,000 millones en abril— capturando una porción desproporcionada de ese capital ya de por sí concentrado. Mistral AI, en Europa, cerró en septiembre la ronda de capital tecnológico más grande en la historia del continente, 3,000 millones de euros a una valuación de 21,000 millones, liderada por Samsung. Cognition, la startup detrás del asistente de programación Devin, elevó su valuación a 48,000 millones de dólares en una ronda de más de 2,000 millones. El patrón que estas cifras describen, tomadas en conjunto, es el de un mercado de capital de riesgo que dejó de diversificar su apuesta sobre el futuro de la IA entre muchos competidores pequeños, y la concentró, cada vez con más convicción, en un número reducido de nombres que ya dominaban la conversación.
Lo que la historia de ciclos anteriores sí puede enseñar, aunque no resolver la pregunta
Ciclos previos de sobrevaluación tecnológica —la burbuja de las puntocom es el ejemplo más citado, pero no el único— han mostrado un patrón consistente: la combinación de crecimiento de ingresos genuino con valuaciones que se duplican en cuestión de meses puede, en retrospectiva, resultar tanto en casos donde la valuación terminó siendo razonable frente al crecimiento real sostenido, como en casos donde la valuación anticipó un crecimiento que nunca llegó a materializarse al ritmo que el mercado había descontado. Lo que la historia de esos ciclos no ofrece es una forma confiable de distinguir, en el momento mismo en que la valuación se duplica, cuál de los dos escenarios se está gestando —esa distinción solo se vuelve obvia años después, cuando ya es demasiado tarde para que la información cambie la decisión de inversión de nadie.
Por qué el calendario mismo de la salida a bolsa cuenta una historia
Vale la pena notar que el cronograma de esta operación no ha sido estático. A mediados de septiembre, los trascendidos hablaban de un debut en octubre con una valuación cercana al billón de dólares; apenas semanas después, la ventana se movió a noviembre y la cifra objetivo prácticamente se duplicó. Ese tipo de movimiento acelerado en el calendario y en la valuación, en un periodo de semanas, es inusual incluso para los estándares ya de por sí comprimidos del ciclo actual de financiamiento de IA. Una lectura posible es que la propia empresa y sus banqueros están ajustando la operación en tiempo real a una demanda de mercado que resultó más fuerte de lo anticipado inicialmente. Otra lectura, igualmente plausible con la información disponible, es que el calendario se está moviendo para capturar una ventana de apetito especulativo que todos los involucrados saben que podría no sostenerse indefinidamente —salir antes de que ese apetito se enfríe, en lugar de esperar a que un crecimiento de ingresos más demostrado justifique la cifra de forma más sólida.
El riesgo de que el mercado público no se comporte como el mercado privado
Una distinción que vale la pena hacer explícita es que una valuación de mercado privado —como los 965,000 millones de mayo, o incluso los 1.8 a 2 billones que ahora se barajan— refleja el acuerdo entre un número relativamente pequeño de inversionistas sofisticados dispuestos a comprar una porción específica de la empresa, generalmente con información privilegiada y condiciones negociadas individualmente. Una valuación de mercado público, en cambio, surge de la negociación continua entre miles de participantes con información mucho más desigual entre sí, sujeta a volatilidad de corto plazo, sentimiento generalizado del mercado y comparaciones constantes con empresas similares que cotizan en el mismo momento. No hay ninguna garantía matemática de que ambos mecanismos de valuación converjan en la misma cifra, y la historia reciente de salidas a bolsa de empresas tecnológicas de alto perfil —algunas que debutaron por encima de su última valuación privada, otras que debutaron considerablemente por debajo— no ofrece un patrón lo suficientemente consistente como para predecir con confianza cuál de los dos escenarios le espera a Anthropic en noviembre.
La pregunta que el roadshow de noviembre va a poner a prueba en vivo
El roadshow que Anthropic planea iniciar la semana del 9 de noviembre va a ser, en la práctica, el primer momento en que esta valuación se someta a un escrutinio de inversionistas institucionales con incentivos distintos a los de un empleado decidiendo si vender o no en una oferta de recompra interna. Si esos inversionistas institucionales validan la cifra de 1.8 a 2 billones de dólares con la misma convicción que, según los trascendidos, mostraron los empleados de Anthropic al no vender meses antes, eso sería la evidencia más sólida hasta ahora de que el crecimiento de ingresos de la empresa efectivamente sostiene una valuación de esa magnitud. Si el mercado público termina asignando una cifra considerablemente menor, la pregunta que quedará abierta no será solo sobre Anthropic específicamente, sino sobre qué tan bien calibrado está todo el ecosistema de capital de riesgo que, durante el último año, decidió concentrar la mayor parte de su apuesta sobre el futuro de la inteligencia artificial en un puñado muy reducido de nombres.
Fuentes
- Anthropic Targets Pre-Thanksgiving IPO at $2 Trillion Valuation — PYMNTS
- Anthropic Seeks to Launch IPO in November With Valuation Expected to Reach as High as $2 Trillion — NAI500
- Anthropic Names Top IPO Underwriters as October Market Window... — TechJack Solutions
- Orrick Advises Mistral in its €3B Series D at €21B Post-Money Valuation — Orrick
- Cognition Raises $2B as AI Coding Startup Hits $48 Billion Valuation — AI Understanding