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La violencia sexual como arma oculta de la guerra: lo que documentó la ONU sobre los crímenes de Rusia contra ucranianos

Un informe de la Misión de Monitoreo de Derechos Humanos de la ONU en Ucrania (HRMMU), publicado el 18 de septiembre, documentó 892 víctimas de violencia sexual atribuidas a fuerzas rusas entre el 24 de febrero de 2022 y el 31 de julio de 2026 —de un total de 1,004 casos verificados—, con víctimas de entre 4 y 82 años. La evidencia, que incluye a prisioneros de guerra y civiles detenidos, documenta un patrón sistemático, no episodios aislados.

El 18 de septiembre, la Misión de Monitoreo de Derechos Humanos de la ONU en Ucrania (HRMMU, por sus siglas en inglés) publicó un informe que documenta, con el rigor y las limitaciones propias de la verificación en zona de guerra, uno de los patrones más sistemáticos y menos cubiertos del conflicto: el uso de la violencia sexual contra prisioneros de guerra y civiles ucranianos por parte de fuerzas rusas.

Lo que documenta el informe

Según la ONU, entre el 24 de febrero de 2022 —inicio de la invasión rusa a gran escala— y el 31 de julio de 2026, se verificaron 1,004 casos de violencia sexual relacionada con el conflicto en Ucrania. De esos, 892 (el 89%) se atribuyen a autoridades rusas: miembros de las fuerzas armadas, agencias de aplicación de la ley y el Servicio Federal de Seguridad (FSB).

De las 892 víctimas documentadas, 725 fueron hombres, 151 mujeres y 16 menores de edad. El rango de edad de las víctimas va de los 4 a los 82 años: la sobreviviente más joven registrada es una niña de 4 años, y la de mayor edad una mujer de 82, ambos casos atribuidos a autoridades rusas. Los hechos documentados incluyen violación, violación en grupo, tortura sexualizada, mutilación genital, descargas eléctricas en genitales y desnudez forzada.

Un patrón que el informe señala con particular preocupación es la prevalencia de esta violencia entre personas bajo custodia rusa: aproximadamente tres de cada cuatro ex prisioneros de guerra ucranianos, y casi la mitad de los civiles que estuvieron detenidos, reportaron haber sufrido violencia sexual más de una vez durante su cautiverio.

Por qué esto se describe como "arma de guerra" y no como crimen aislado

La diferencia entre violencia sexual como crimen individual y violencia sexual como arma de guerra no es retórica: el derecho internacional humanitario reserva la segunda categoría para patrones sistemáticos, repetidos en múltiples ubicaciones geográficas, con métodos similares y una lógica de intimidación o castigo colectivo —no para hechos aislados atribuibles a la conducta individual de un perpetrador—. La escala, la dispersión geográfica y la consistencia de los métodos documentados por la ONU (incluyendo el uso reiterado de violencia sexual específicamente contra prisioneros de guerra, un contexto donde la víctima está bajo control total del perpetrador) son, según organizaciones de derechos humanos, el tipo de evidencia que sostiene esa clasificación.

Uno de los elementos de evidencia más inusuales documentados en la cobertura de este patrón es una llamada telefónica interceptada entre un soldado ruso, identificado como Roman Bykovskiy, y su esposa, originada desde la región ocupada de Jersón —un registro que, según la prensa que ha dado seguimiento al caso, ilustra hasta qué punto este tipo de violencia llegó a discutirse con normalidad entre las propias tropas rusas, en lugar de ocultarse como una transgresión excepcional.

La respuesta de Ucrania

Ucrania, por su parte, ha documentado 401 casos propios de violencia sexual relacionada con el conflicto (CRSV, por sus siglas en inglés), aunque reconoce que la cifra real probablemente supera los 2,000 —la brecha entre casos documentados y casos reales es consistente con lo que distintas organizaciones humanitarias señalan sobre el subregistro estructural de este tipo de violencia, agravado por el estigma social y la dificultad de reunir evidencia en zona de guerra activa—. Hasta la fecha, Ucrania ha indiciado a 81 soldados rusos por estos crímenes y obtenido 26 condenas, además de haber desarrollado programas de apoyo a sobrevivientes centrados en preservar su dignidad durante el proceso judicial.

Lo que esto implica

Ninguna cifra de este tipo captura completamente la magnitud del daño que describe —ni la ONU ni Ucrania sostienen que sus números sean el conteo final—, y es consistente con cómo se ha documentado la violencia sexual en otros conflictos armados recientes: siempre por debajo de la incidencia real, por las mismas razones de subregistro. Lo que sí queda establecido, con una fuente tan institucionalmente cautelosa como la ONU respaldándolo, es que no se trata de hechos aislados: es un patrón, documentado en el tiempo, en el espacio y en los métodos, y ese es precisamente el umbral que distingue un crimen de guerra sistemático de un acto individual.

Fuentes

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