Opinión

El trenazo de Saltillo: la peor tragedia ferroviaria de México, 54 años después

La noche del 4 de octubre de 1972, el "Tren Peregrino" —que regresaba de Real de Catorce, San Luis Potosí, con peregrinos devotos de San Francisco de Asís— descarriló cerca de Puente Moreno, a las afueras de Saltillo, Coahuila. La cifra oficial habla de 234 muertos; sobrevivientes y reportajes periodísticos sostienen que la cifra real llegó a los miles. Hasta hoy, ni la causa exacta ni el número real de víctimas tienen un consenso definitivo.

La noche del 4 de octubre de 1972, un tren de Ferrocarriles Nacionales de México conocido popularmente como el "Tren Peregrino" avanzaba hacia el sur, de regreso de Real de Catorce, San Luis Potosí, donde miles de peregrinos habían ido a venerar a San Francisco de Asís. A bordo viajaban, según los registros citados por la prensa, 1,564 personas. Cerca de las once y media de la noche, al entrar a la pendiente conocida como Puente Moreno, a unos siete kilómetros al sur de Saltillo, Coahuila, el tren descarriló. Se convirtió, esa noche, en la peor tragedia ferroviaria de la historia de México —un título que conserva hasta hoy, 54 años después.

Una pendiente, el doble de la velocidad permitida

La causa inmediata del descarrilamiento está documentada con más certeza que casi cualquier otro detalle de esta historia: el tren entró a la pendiente de Puente Moreno a una velocidad estimada de más de 120 kilómetros por hora, cuando el límite permitido en ese tramo era de 60. A esa velocidad, con el peso de más de mil quinientos pasajeros distribuidos en varios vagones saturados, el tren no tenía margen para tomar la curva de la pendiente sin salirse de la vía.

Lo que nunca quedó resuelto con la misma claridad es por qué el tren iba a esa velocidad.

Dos versiones que nunca se reconciliaron

La explicación que las autoridades ofrecieron públicamente en los días posteriores al accidente fue que la tripulación —el maquinista, el conductor y el fogonero— habían estado bebiendo tequila ese día y operaban el tren bajo los efectos del alcohol. Es la versión que se repitió durante años como la causa oficial.

Pero esa versión tiene un problema documentado: según una investigación periodística publicada por Proceso en el 50 aniversario del accidente, el examen médico practicado a la tripulación esa misma noche no encontró alcohol en su sangre. La otra explicación que circuló —y que en algún momento llegó a sostener el propio director de Ferrocarriles Nacionales de México— apunta a una falla mecánica: una manguera de aire dañada que habría impedido que el sistema de frenos de emergencia se activara a tiempo. Existe incluso una tercera hipótesis, más oscura, que vincula el accidente con sabotaje relacionado con disputas sindicales dentro del propio sistema ferroviario de la época, una tensión que, según esa versión, se habría calmado una vez que cambió el liderazgo sindical.

Varios tripulantes fueron procesados y en su momento condenados por el accidente. El desenlace judicial final de esos procesos sigue siendo, décadas después, objeto de controversia histórica, sin que exista una versión definitiva y verificable del resultado final de esos juicios.

El número de muertos que nadie ha podido confirmar

La cifra oficial, atribuida a la Procuraduría General de la República, habla de 234 personas fallecidas y más de 1,200 heridas. Es la cifra que aparece en la mayoría de los registros formales del accidente.

Casi ninguna crónica seria sobre el trenazo de Saltillo repite esa cifra sin matizarla. Sobrevivientes, cronistas locales y reportajes periodísticos a lo largo de los años han insistido en que el número real de muertos fue muchísimo mayor —que llegó, según distintos testimonios, a los miles—, en un tren donde viajaban más de 1,500 personas y donde las condiciones del rescate, en una zona semirural de Coahuila en 1972, hacían extremadamente difícil levantar un conteo preciso de cuerpos. Ninguna fuente seria ofrece hoy una cifra alternativa única y verificada que reemplace a la oficial; lo que sí existe es un consenso amplio, sostenido durante más de cinco décadas, de que 234 es casi con certeza un subconteo.

Esa misma falta de certeza —sobre la causa y sobre el número de víctimas— es, en sí misma, parte de lo que hace que el trenazo de Saltillo siga siendo una herida abierta en la memoria de Coahuila: no es solo que haya sido una tragedia masiva, es que nunca hubo una versión de los hechos en la que sobrevivientes y autoridades coincidieran del todo.

Una fecha que Saltillo no ha dejado de recordar

Cada año, en aniversarios redondos y no tan redondos —el 50, el 51, el 53—, medios de Coahuila han vuelto a contar esta historia, entrevistando a sobrevivientes como Honorio Francisco, quien era un niño la noche del accidente y ha dado testimonio público de lo que vio. Esa insistencia en seguir contando la historia, año con año, es quizás la respuesta más honesta que existe frente a una tragedia donde ni la causa ni el número de víctimas quedaron nunca completamente resueltos: mientras no haya una versión oficial en la que se pueda confiar del todo, la memoria de quienes sí estuvieron ahí sigue siendo la fuente más confiable que tenemos.

Fuentes

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