Un mito del siglo XIX que la genética refutó hace 15 años sigue generando más contenido antisemita por minuto que nunca
La teoría de que los judíos ashkenazíes descienden de los jázaros del Cáucaso —no del Levante— circula de nuevo en redes en español, pese a que la evidencia genética la contradice desde 2010. Un repaso de dónde viene el mito, qué dice realmente la ciencia y por qué el discurso antisemita digital en América Latina está en su nivel más alto registrado.
La tesis del artículoDocumentado: la teoría jázara circula en redes en español con picos medibles tras cada crisis, y los estudios genéticos de 2010 ubican el origen de la mayoría de las comunidades judías de la diáspora en el Levante, no en el Cáucaso. Interpretación propia: su persistencia no depende de la evidencia sino de su utilidad retórica para deslegitimar una identidad completa, lo que explica por qué ninguna refutación científica la ha reducido de forma sostenida.
Una captura de pantalla, 4,412 "me gusta" y un argumento de hace 150 años
El patrón es casi siempre el mismo: un video viejo, recoloreado, de refugiados judíos llegando a Palestina a finales de los años cuarenta, con un texto superpuesto que anuncia "la mayor traición en la historia de la humanidad". El pie de la publicación explica, en tono de revelación, que los judíos modernos "no son los judíos de la Biblia" sino descendientes de los jázaros, un pueblo del Cáucaso que se habría convertido al judaísmo en el siglo VIII, y que el sionismo "se inventó una continuidad histórica que no existe" para justificar una ocupación. La publicación acumula miles de reacciones y cientos de comentarios. Nada de esto es nuevo —es, de hecho, un argumento documentado desde el siglo XIX—, pero su circulación reciente en redes en español coincide con un momento muy específico: el discurso antisemita digital en América Latina está, según la medición más reciente disponible, en su punto más alto desde que existe ese monitoreo.
De dónde viene realmente la teoría jázara
La idea de que los judíos ashkenazíes (los de origen centro y este-europeo) descienden genéticamente de los jázaros —un pueblo túrquico que gobernó un kanato en el Cáucaso entre los siglos VII y X, y cuya élite se habría convertido al judaísmo— no nació como teoría conspirativa. Existió primero como hipótesis académica real, discutida por historiadores desde el siglo XIX, y tuvo una versión divulgativa influyente en The Thirteenth Tribe (1976), del escritor Arthur Koestler. La hipótesis en sí no era antisemita: era, simplemente, una pregunta histórica sobre el origen de una población.
Lo que cambió fue el uso que se le dio después. Si los judíos ashkenazíes de Europa del Este no descienden genéticamente de los antiguos hebreos del Levante, el argumento se puede estirar hasta una conclusión política muy distinta: que no tienen una reclamación histórica legítima sobre la tierra de Israel, y que el sionismo construyó una identidad falsa para justificar un proyecto colonial. Esa es exactamente la lógica que reproduce el video descrito arriba, y es la razón por la que la teoría jázara —pese a tratarse originalmente de una pregunta de historia poblacional— se volvió una pieza fija del repertorio antisemita contemporáneo.
Lo que dice la genética, no la hipótesis de los años setenta
La pregunta que Koestler no pudo responder con los datos de su época sí se puede responder hoy, y se ha respondido varias veces. El trabajo de referencia es el de Behar et al. (2010), publicado en Nature, que analizó marcadores genéticos de comunidades judías en distintos continentes y encontró que la mayoría de las poblaciones judías de la diáspora —ashkenazí, sefaradí, mizrají— comparten un origen genético común que se remonta al Levante, la región donde hoy están Israel, Líbano, Siria, Jordania y Palestina, y están más emparentadas entre sí y con poblaciones no judías del Levante que con las poblaciones de Europa del Este entre las que vivieron durante siglos. Un trabajo paralelo de Atzmon et al. (2010), publicado en el American Journal of Human Genetics, llegó a una conclusión más específica: los datos no sostienen una contribución genética grande de poblaciones eslavas o del Cáucaso a la formación de la población judía asquenazí.
La réplica jázara más citada en años posteriores, de Eliezer Elhaik (2012), usó parte del mismo conjunto de datos de Behar, pero con un diseño distinto: comparó las firmas genéticas de poblaciones judías con las de georgianos y armenios actuales, como sustituto aproximado de los jázaros (de quienes no existe ADN antiguo disponible directamente). Ese cambio metodológico —comparar contra poblaciones vecinas en vez de reconstruir directamente al pueblo histórico— es lo que le permitió llegar a una conclusión opuesta con datos parcialmente compartidos, y es también la razón por la que ese estudio no ha desplazado el consenso de la genética de poblaciones: la propia naturaleza indirecta de la comparación limita qué tan fuerte puede ser la conclusión. Conviene decirlo con precisión, no con esta nota inventando certezas que la ciencia no tiene: existen matices reales —las comunidades judías etíope e india, por ejemplo, muestran mayor cercanía genética con sus vecinos no judíos que con otras comunidades de la diáspora—, pero esos matices no sostienen la versión que circula en redes, que no distingue entre "hay variación genética real entre comunidades judías dispersas por siglos" y "los judíos modernos no tienen relación con los hebreos bíblicos".
Por qué la refutación no apaga el mito
Si la evidencia genética contradice la versión viral de la teoría jázara desde hace quince años, ¿por qué sigue circulando con la misma fuerza? La respuesta tiene menos que ver con la ciencia y más con la función que cumple el argumento. Un informe de 2025 del Centro de Estudios para América Latina (CJL) y el Observatorio Web, que analizó más de 118 millones de publicaciones en redes sociales, buscadores y portales de noticias en español, documentó que el discurso antisemita digital en la región se estabilizó en niveles críticos tras el 7 de octubre de 2023 y no bajó de forma proporcional ni siquiera después del alto el fuego de octubre de 2025: el promedio diario de expresiones directas en X pasó de 78,200 a 55,700 menciones tras la tregua, una reducción real pero muy por debajo del nivel previo a la guerra. En esa misma medición, la proporción de contenido antisemita en X llegó a 20.68% de lo analizado —la cifra más alta desde que existe el monitoreo— y en Facebook llegó a 14.98%, también un máximo histórico para esa plataforma. En los foros de comentarios de portales de noticias, Uruguay tuvo la proporción más alta de la región, con 27.82% de mensajes antisemitas, frente a un promedio regional de 15.16%.
Ese mismo informe, y uno anterior del Institute for Strategic Dialogue sobre disturbios antisemitas vinculados a desinformación, documentan un patrón que ayuda a explicar por qué el mito jázaro resurge una y otra vez: las narrativas antisemitas no necesitan ser nuevas ni coherentes para viralizarse, solo necesitan reactivarse después de una crisis —un incendio, un atentado, una guerra— y reutilizar guiones de chivo expiatorio que circulan desde hace generaciones, ahora en formato de video corto con subtítulos. La publicación casi idéntica, palabra por palabra, apareciendo en francés, inglés y español en el mismo periodo, es la firma típica de este tipo de amplificación: no es necesariamente una campaña centralizada, pero sí un argumento que se copia y pega porque ya viene listo para generar indignación y alcance.
Cuando el argumento se vuelve un arma política concreta
Esto no es un debate abstracto sobre genética de poblaciones que se queda en los comentarios de una red social. En noviembre de 2025, durante protestas antigubernamentales en la Ciudad de México, aparecieron las palabras "Puta Judía" pintadas con aerosol en las puertas del Palacio Nacional, en un ataque dirigido aparentemente contra la presidenta Claudia Sheinbaum —quien no participa activamente en la vida comunitaria judía, pero cuya identidad ha sido usada repetidamente como arma política por sus críticos—. El Comité Central de la Comunidad Judía de México condenó el incidente y recordó que el antisemitismo constituye una forma de discriminación reconocida en la Constitución; días después, el Episcopado Mexicano emitió un comunicado de "absoluta solidaridad y rechazo" hacia la comunidad judía del país, calificando las expresiones antisemitas registradas en la capital como "del todo inaceptables".
El hilo que conecta ese grafiti con el video sobre los jázaros no es casual: ambos tratan la identidad judía —real o atribuida— como una acusación en sí misma, un atajo retórico que no necesita evidencia porque no está argumentando sobre un hecho verificable, sino movilizando un estereotipo que ya trae su propia carga emocional incorporada.
Qué significa esto para quien se cruza con uno de estos videos
No hace falta ser historiador de poblaciones del Cáucaso para notar las señales de este patrón: una pieza que presenta una pregunta histórica genuina (¿de dónde vienen genéticamente las comunidades judías de la diáspora?) como si tuviera una sola respuesta obvia y oculta, un salto directo de ese dato a una conclusión sobre legitimidad política actual, y un formato —video viejo recoloreado, texto en mayúsculas, cifras de interacción altísimas— optimizado para la indignación rápida más que para la verificación. La pregunta útil frente a uno de estos videos no es "¿es verdad que hay jázaros en la historia judía?" —sí, existieron, y la pregunta de cuánto influyeron genéticamente en comunidades específicas sigue teniendo matices reales en la literatura académica— sino "¿a qué conclusión política me está empujando este argumento, y esa conclusión depende de que yo no busque la otra mitad de la evidencia?".
Fuentes
- When History Gets Flattened: The Social Media Life of Khazar Theory — Blue Square Alliance
- Antisemitic riots in Russia: how misinformation spread online fueled violence — Institute for Strategic Dialogue
- Jews a race? Genetic theory comes under fierce attack — Forward (resume Behar et al. 2010, Atzmon et al. 2010 y la réplica de Elhaik 2012)
- Diaspora Jews worldwide genetically close, study finds — World Jewish Congress
- Uruguay registró la mayor proporción de comentarios antisemitas en portales de medios de la región, según estudio — El Observador (informe CJL / Observatorio Web 2025)
- 'Jewish Whore' Graffiti Targets Mexican President Sheinbaum During Anti-Government Protests — The Algemeiner
- Episcopado Mexicano condena actos antisemitas y expresa solidaridad con comunidad judía — Excélsior