Rodeo Saltillo: la fiesta vaquera que Coahuila promueve como propia, pero que no es ni la más mexicana ni la más consistente con sus propias leyes
Del 15 al 18 de octubre, Saltillo recibe la edición 2026 del Rodeo Saltillo, promovido por el gobierno de Coahuila como bandera de identidad vaquera del estado. Tres preguntas incómodas que el boato del evento no resuelve: por qué un estado con 36,000 millones de pesos de deuda prioriza este gasto, por qué "lo vaquero" se celebra en formato rodeo texano y no charrería mexicana, y por qué un estado que prohibió por ley las corridas de toros por maltrato animal sí permite el uso de reses en el ruedo del rodeo.
La tesis del artículoEl Rodeo Saltillo no es un problema por existir —es un evento comercial legítimo con demanda real—, sino por cómo el gobierno estatal lo adopta como bandera identitaria: promoviendo una tradición vaquera importada de Texas en vez de la charrería, que es el deporte nacional mexicano con reconocimiento de la UNESCO, mientras Coahuila arrastra una de las deudas públicas más señaladas del país y aplica, de forma inconsistente, su propia ley de protección animal según el nombre que lleve el espectáculo.
Del 15 al 18 de octubre, Saltillo recibe la edición 2026 del Rodeo Saltillo, por primera vez en las instalaciones de Expo Coahuila. La cartelera —Pesado, Julión Álvarez, Banda El Recodo, Brett Young— y la promoción que el propio gobernador Manolo Jiménez hizo del evento en la Ciudad de México lo confirman como una de las apuestas más visibles del gobierno estatal para posicionar a Coahuila como destino de identidad vaquera. Vale la pena hacerle tres preguntas que la narrativa oficial del evento no contesta.
La pregunta del gasto: ¿por qué esto, y por qué ahora?
Expo Coahuila, el recinto donde se realiza el Rodeo Saltillo 2026 por primera vez, representa una inversión reportada superior a 270 millones de pesos. Es importante ser precisos aquí: esa cifra corresponde a la construcción del recinto en sí, un activo que en teoría sirve para múltiples eventos a futuro, no exclusivamente al presupuesto del rodeo como evento puntual —no encontramos, en fuentes públicas disponibles, un desglose específico de cuánto gasta el gobierno estatal en la organización del Rodeo Saltillo como tal, y preferimos decir eso explícitamente en vez de inventar una cifra que suene más contundente de lo que la evidencia permite—.
Lo que sí es un hecho verificable, y el contexto en el que cualquier gasto de esta magnitud debería leerse, es el estado de las finanzas de Coahuila: la entidad arrastra una deuda pública de entre 36,000 y 37,000 millones de pesos según distintas metodologías (HR Ratings reporta deuda directa ajustada de 36,078.8 millones al cierre de 2025; Ejecentral, usando una medición de pasivos totales, ubica la cifra en 37,047 millones), y ha sido señalada reiteradamente como uno de los estados con mayor foco rojo de endeudamiento del país —pese a que la calificadora HR Ratings reconoció una mejora reciente en la calificación crediticia estatal, atribuida a una menor revolvencia de deuda quirografaria—. Ninguna de las dos cifras de deuda, por sí sola, prueba que construir Expo Coahuila haya sido una mala decisión de política pública: la infraestructura para eventos puede generar derrama económica real (los organizadores proyectan más de 50 millones de pesos de derrama solo para 2026) y empleo temporal legítimo. Pero en un estado con ese nivel de pasivos, la pregunta de qué tan prioritario es este gasto frente a necesidades de infraestructura básica —agua, pavimentación, salud— no es una pregunta retórica: es la pregunta presupuestal obligada que cualquier gobierno debería poder responder con transparencia, y que la narrativa de lanzamiento del evento, centrada en cartelera de artistas y derrama turística, simplemente no aborda.
La pregunta cultural: ¿por qué rodeo, y no charrería?
El rodeo moderno —el que se practica en Estados Unidos y el que da nombre y formato al Rodeo Saltillo— nació de las tradiciones de los vaqueros del Oeste estadounidense: montar toros y caballos broncos, lazar becerros contra el reloj, un espectáculo profesional codificado en Texas y el suroeste de EU. México tiene su propia tradición equivalente, con una historia más profunda y un estatus legal más alto: la charrería, que se originó en las haciendas coloniales de Hidalgo y Jalisco a finales del siglo XVI, fue declarada deporte nacional de México en 1933, y en 2016 la UNESCO la reconoció como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad —un reconocimiento internacional que el rodeo comercial, por más exitoso que sea como espectáculo, no tiene—.
No se trata de un purismo anti-estadounidense: el rodeo y la charrería comparten raíces reales (los charros son, históricamente, parte de la misma tradición vaquera que después se volvió rodeo cuando cruzó la frontera, y en Texas se practica charrería activamente en comunidades mexicoamericanas, con unos 50 equipos compitiendo en el estado). El punto es otro: cuando un gobierno estatal mexicano elige, para su evento insignia de identidad vaquera, adoptar el formato y el nombre en inglés ("rodeo", no "charreada") del lado estadounidense de esa historia compartida, en vez de centrar la tradición que México mismo declaró su deporte nacional, está tomando una decisión cultural —no accidental, no neutra— sobre qué versión de "lo vaquero" vale la pena promover con recursos y narrativa de gobierno. Es una decisión legítima de discutir, no un hecho dado.
La pregunta del doble rasero: ¿por qué sí las reses del rodeo y no los toros de la corrida?
Esta es, quizás, la tensión más concreta y menos discutida. Coahuila tiene, desde 2015, una Ley de Protección y Trato Digno a los Seres Sintientes cuyo Artículo 20 prohíbe expresamente las corridas de toros, novillos, becerros y vaquillas, los rejoneos, y el entrenamiento de animales para ese tipo de espectáculos —incluidas las tientas—. La ley ha tenido aplicación real: activistas documentaron y denunciaron penalmente una tienta de vaquillas entre Saltillo y Zacatecas por violar justamente este artículo, y cuando una diputada de Morena propuso reactivar las corridas de toros en el estado, colectivos como Animal Héroes organizaron una campaña activa para frenarlo, con el argumento de que la prohibición de 2015 respondió a una demanda social real, no a un capricho político.
El Rodeo Saltillo, mientras tanto, incluye eventos como el "Súper Bull" —montar toros— y pruebas de lazo que usan becerros y novillos, exactamente las mismas categorías de animales que el Artículo 20 nombra explícitamente al prohibir las corridas. Hay que ser cuidadosos con la precisión legal aquí: no tenemos evidencia de que el rodeo, tal como está regulado, viole técnicamente esa ley —es muy posible que la legislación distinga entre "corrida de toros" como figura taurina específica y el montar toros/lazar becerros como disciplinas de rodeo, con mecánicas, duración de exposición del animal y reglamentación distintas—, y no vamos a afirmar que el evento es ilegal cuando no tenemos esa confirmación. Pero la pregunta de fondo sigue en pie, y no depende de un tecnicismo legal para ser válida: si la razón de fondo para prohibir las corridas de toros en Coahuila es el bienestar del animal sometido a estrés, inmovilización y riesgo físico frente a un público pagador, ¿por qué esa misma lógica no aplica cuando el animal es un toro de rodeo en vez de un toro de lidia, o un becerro de lazo en vez de una vaquilla de tienta? La diferencia, hasta donde la evidencia disponible permite ver, no está en el bienestar del animal —está en el nombre del espectáculo.
Lo que sí hay que reconocer
Nada de esto significa que el Rodeo Saltillo sea, en sí mismo, un evento ilegítimo o que no deba existir: genera empleo real, moviliza turismo real, y hay una demanda de público genuina que no necesita que el gobierno la valide culturalmente para ser legítima como negocio. La crítica no es contra el rodeo como espectáculo privado —es contra la decisión de gobierno de convertirlo en bandera de identidad estatal sin resolver, siquiera en el discurso, por qué esa bandera no es la charrería, por qué su costo no se transparenta frente al nivel de deuda del estado, y por qué la misma ley que protege a un toro de lidia parece dejar de aplicar cuando el toro lleva número en el lomo en vez de capote enfrente.
Fuentes
- Rodeo Saltillo 2026: fechas, cartelera, boletos y todo lo que habrá en Expo Coahuila — Crónica
- Rodeo Saltillo 2026 llevará la tradición vaquera a otro nivel — Red Financiera
- Manolo Jiménez Salinas — Wikipedia
- Coahuila: se negociaron mejores tasas, pero la deuda permanece — Vanguardia
- Estados hipotecados: Coahuila entre los focos rojos de deuda — Ejecentral
- History of Rodeo and Charrería — CountryReports
- El charro: el origen del vaquero americano que se resiste a ser olvidado en Texas — Última Hora
- Denuncian animalistas tienta de vaquillas en Saltillo; por ley están prohibidas — Vanguardia
- Piden a Congreso no avale corridas de toros — Vanguardia