Opinión

China construyó dos torres solares gemelas que parecen sacadas de una película de ciencia ficción. Así funcionan — y por qué casi nadie más las está copiando

En Hami, Xinjiang, China Three Gorges Corporation puso en operación comercial de prueba una planta híbrida de 1 GW que combina 900 MW de paneles fotovoltaicos con 100 MW de energía termosolar de torre — pero con dos torres en vez de una, cada una enfocando 260,000 espejos hacia un receptor que calienta sal fundida a 550°C. El diseño gemelo sube la eficiencia frente a una sola torre, y la sal permite seguir generando electricidad hasta ocho horas después de que se pone el sol. Es la planta híbrida CSP-fotovoltaica más grande del mundo — y, pese a lo vistoso del diseño, la tecnología detrás lleva más de una década sin lograr despegar fuera de China.

China Three Gorges Corporation (CTG) puso en operación comercial de prueba, el 1 de julio de 2026, una planta de energía solar en Hami, en la región de Xinjiang, que combina 900 megavatios de paneles fotovoltaicos convencionales con 100 megavatios de energía termosolar de concentración (CSP, por sus siglas en inglés) repartidos en dos torres gemelas — no una. Con 1 gigavatio de capacidad total, es la planta híbrida CSP-fotovoltaica más grande construida hasta ahora en el mundo. Las imágenes de la planta, con sus dos haces de luz convergiendo sobre un desierto cubierto de espejos, circularon como si fueran generadas por computadora. No lo son: es una pieza de ingeniería real, con un problema técnico real detrás del diseño de dos torres, y una razón económica real por la que el resto del planeta prácticamente dejó de construir plantas como esta hace más de una década.

Cómo funciona, en términos simples

Una planta de torre solar funciona concentrando luz, no capturándola directamente como hace un panel fotovoltaico. Un campo de espejos orientables (heliostatos) —en Hami, 260,000 de ellos cubriendo 800,000 metros cuadrados de desierto— sigue la trayectoria del sol y refleja esa luz hacia un único punto en la cima de una torre central: el receptor. Ahí, la energía concentrada calienta un fluido —en este caso, sal fundida— hasta 550°C. Esa sal caliente se almacena en tanques aislados y, cuando se necesita generar electricidad, se usa para hervir agua, producir vapor a presión y mover una turbina convencional, exactamente igual que en una planta térmica tradicional de gas o carbón, solo que el calor inicial vino del sol concentrado en vez de una combustión. Los espejos de Hami, según CTG, alcanzan una eficiencia de reflexión de hasta 94%, una cifra alta incluso para los estándares de la industria.

La ventaja central de este diseño frente a un panel fotovoltaico es que la sal fundida funciona como una batería térmica construida en el propio proceso: mientras un panel solar deja de generar electricidad en el instante en que se pone el sol (y necesita baterías de litio separadas, y caras, para seguir alimentando la red de noche), la sal caliente de una planta CSP sigue hirviendo agua y moviendo la turbina varias horas después del atardecer — en el caso de Hami, hasta ocho horas, según reporta CTG.

Por qué dos torres y no una

La razón de ingeniería detrás del diseño gemelo de Hami es más sutil de lo que sugiere la estética futurista: un solo receptor, en una sola torre, tiene un ángulo óptimo de incidencia solar que cambia a lo largo del día, y buena parte de los heliostatos de un campo grande terminan reflejando luz en ángulos subóptimos durante ciertas horas, perdiendo eficiencia. CTG reparte esa carga entre dos torres que se turnan el momento de mayor eficiencia: la torre este capta el grueso de la luz durante la mañana, cuando el sol está en un ángulo que favorece ese lado del campo de espejos, y la torre oeste toma el relevo durante la tarde. Según la propia CTG, este reparto mejora la eficiencia general de la planta en aproximadamente 25% frente a un diseño convencional de una sola torre — la parte "de ciencia ficción" del diseño es, en el fondo, una solución bastante pragmática a un problema de geometría solar.

Qué tan eficiente es esto realmente, comparado con otras formas de generar electricidad

Aquí es donde la respuesta se vuelve menos vistosa que la imagen de las dos torres. En términos de conversión térmica a eléctrica, una planta CSP bien diseñada puede alcanzar eficiencias de 30% a 40% — en teoría, más alto que el 15% a 22% de eficiencia de conversión de un panel fotovoltaico comercial moderno. Pero esa cifra aislada es engañosa: en la práctica, una planta CSP pierde una parte significativa de esa eficiencia teórica en pérdidas de calor durante el almacenamiento y la conversión térmica a mecánica a eléctrica (la cadena completa de hervir agua, mover una turbina, generar corriente), de forma que la eficiencia real de punta a punta de un sistema CSP termina siendo comparable, o incluso inferior en la práctica, a la de un sistema fotovoltaico moderno — la ventaja de CSP no está en que convierta sol en electricidad de forma más eficiente, está en que puede seguir convirtiendo calor almacenado en electricidad horas después de que ya no hay sol que concentrar.

Por qué, entonces, casi nadie más está construyendo estas plantas

La respuesta corta es costo, y la brecha no es marginal: la energía solar fotovoltaica ha caído 88% en costo desde 2010, hasta cerca de 0.08 dólares por kilovatio-hora, mientras que la energía CSP se mantiene en niveles bastante más altos, cercanos a 0.107 dólares por kilovatio-hora según estimaciones de la industria — y en términos de costo total de construcción por megavatio instalado, un proyecto CSP puede costar entre 4 y 5 veces más que uno fotovoltaico equivalente. Durante la década de 2010, cuando CSP todavía parecía competitivo frente a fotovoltaico, varios países —sobre todo Estados Unidos y algunos del Golfo Pérsico— invirtieron fuertemente en plantas de torre solar a gran escala. Los resultados de esa apuesta son, en varios de los casos más visibles, una historia de advertencia más que de éxito: Crescent Dunes, en Nevada, recibió cerca de 737 millones de dólares en garantías de préstamo federal y entró en operación en 2015, solo para sufrir una fuga masiva en sus tanques de sal fundida en 2019 que contaminó el terreno circundante y obligó a desmontar la torre, dejando la planta fuera de servicio; Ivanpah, en California, recibió 1,600 millones de dólares en garantías del Departamento de Energía de EU y, once años después de su inauguración, comenzó a cerrarse por no cumplir las expectativas de generación prometidas, además de quejas de grupos ambientalistas por el efecto de los haces de luz concentrada sobre aves que cruzaban la zona.

Esos fracasos documentados —no hipotéticos, con cientos de millones de dólares públicos perdidos en cada caso— dejaron una cicatriz financiera real en la disposición de gobiernos e inversionistas privados a seguir apostando por CSP fuera de China. Lo que permite que China siga construyendo a esta escala, mientras el resto del mundo se retira de la tecnología, es una combinación que casi ningún otro país puede replicar con la misma facilidad: financiamiento estatal dispuesto a absorber el costo más alto por megavatio a cambio de diversificar su matriz energética y reducir dependencia de combustibles importados, una industria manufacturera doméstica de heliostatos y componentes de CSP ya madura por los proyectos previos del propio país, y desiertos extensos y despoblados como Xinjiang donde el costo de suelo y los conflictos de uso de tierra son mínimos comparados con proyectos similares en EU o Europa.

Lo que la comparación de costos no captura del todo

Hay un argumento real a favor de CSP que la cifra de "4 a 5 veces más caro" no refleja por sí sola: esa comparación generalmente pone un proyecto CSP (que incluye almacenamiento térmico de varias horas) contra un proyecto fotovoltaico puro (que no incluye ningún almacenamiento). Una comparación más justa sería fotovoltaico más baterías de litio equivalentes en capacidad de almacenamiento contra CSP — y bajo ese marco, la brecha de costo se reduce, aunque no desaparece, porque las baterías de litio a escala de red también han bajado de precio agresivamente en los últimos años. Cuál de las dos combinaciones termina siendo más barata por megavatio-hora almacenado depende de factores específicos de cada proyecto —precio local del litio, vida útil esperada de cada tecnología, costo de financiamiento— que no tienen una respuesta universal todavía, lo que deja la pregunta de fondo genuinamente abierta en vez de resuelta a favor de un lado.

Fuentes

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